EL ODIO, LA NECESIDAD OLVIDADA DE MASLOW

Fuego y hielo

El mundo acabará, dicen, presa del fuego;
otros afirman que vencerá el hielo.
Por lo que yo sé acerca del deseo,
doy la razón a los que hablan de fuego.
Más si el mundo tuviera que sucumbir dos veces,
pienso que sé bastante sobre el odio
para afirmar que la ruina sería
quizás tan grande,
y bastaría.

Robert Frost (Traducido por Agustí Bartra)

 

Al leer la prensa diaria, llego a la conclusión de que el poema de Frost tiene razón: el mundo acabará presa del Fuego. Todas las noticias que se puedan leer nadan entre el sensacionalismo y el sinsentido más absoluto. Y este odio que impregna la sociedad actual, ese fuego que cada vez es más ardiente, no solo se puede ver reflejado en los titulares de los tabloides relacionados con la política o asuntos de gran calado. También se percibe en pequeñas cosas, como por ejemplo, el Cine. Y es que la raíz de todo esto no reside en variables exógenas, sino endógenas. Nace en nosotros. Porque lo primero que se odia, es uno mismo. En la revista Jot Down, Josep Lapidario ilustra muy bien lo que estamos diciendo en el siguiente párrafo de su artículo titulado: “Del Odio considerado como una de las Bellas Artes”:

“Lo clavó Chuck Palahniuk en Monstruos invisibles: «Cuando no sabemos a quién odiar, nos odiamos a nosotros mismos». Casi todo el mundo es consciente de ello intuitivamente, y para esquivar el autoodio muchas sociedades incorporan una válvula de seguridad, recurso útil para la gente ni lo suficientemente valiente para convertirse en misántropa ni lo bastante sincera como para odiarse (o aceptarse) a sí misma. Una de esas válvulas se llama Twitter. Reúne las condiciones ideales para generar chivos expiatorios: mensajes breves, encapsulados en unidades fácilmente manipulables sacadas de contexto. Twitter es un arma cargada esperando decidir a quién le toca recibir el tiro.”

Se menciona Twitter como un simple ejemplo, hay alguno más de esto. El escritor Juan Manuel de Prada definió las Redes Sociales como “Vomitorios”. Desgraciadamente, lo que podrían ser herramientas no solo para comunicarse, sino para intercambiar conocimiento y experiencias, se van convirtiendo poco a poco en un pozo de miserias y frustraciones particulares, donde los Haters Profesionales, Insultadores Licenciados, se dedican a vender sus neuras, con mucho éxito, porque siempre hay una recua que no duda en comprarles la mercancía, en vez de presentar una batalla dialéctica con la que contrarrestar sus regurgitaciones. Y es que, en el fondo, subyace un elemento anexionador de dicho tipo de individuos: el desconocimiento. Que causa la ignorancia. Aunque, como decía Karl Popper: “La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos, sino el hecho de negarse a adquirirlos”. Pero este, es el camino difícil, que requiere un nivel alto de auto exigencia para poder mejorar como persona, en todos los ámbitos.

¿Qué se entiende por Odio? Es una pregunta muy compleja, a la que es difícil responder. Pero en cierto artículo mencionado anteriormente, se encuentra una breve explicación acerca de los componentes de dicho sentimiento:

En la teoría triangular de Sternberg y Sternberg se le asignan tres componentes: negación de intimidad (quita, bicho), pasión (rabia, pánico ante una amenaza) y compromiso (devaluación y desprecio). Combinando estos elementos tenemos siete tipos de odio a diferente temperatura de cocción, aquí los tienen junto a la frase que imaginaba al leerlos:

  1. Odio fresco o asco si solo hay negación de intimidad: «lárgate».
  2. Odio frío o disminución si solo hay desprecio: «eres imbécil, no sabes ni hablar».
  3. Odio cálido o rabia/miedo si solo hay pasión: «¡Imbécil!»
  4. Odio hirviente o revulsión si se juntan negación de intimidad y pasión: «¡Lárgate, imbécil!»
  5. Odio a fuego lento o aborrecimiento si se juntan negación de intimidad y desprecio: «sería mejor que te fueras, tu imbecilidad me altera».
  6. Odio bullente o injuria si se juntan pasión y desprecio: «¡No sabes ni hablar, imbécil!»
  7. Odio quemante o necesidad de aniquilación si se junta todo: «¡Lárgate o te mato, imbécil, que no sabes ni hablar!»

¿Es el Odio una necesidad olvidada por Maslow en su famosa pirámide? ¿Se está convirtiendo en sinónimo de la Autorrealización ?

Recientemente, he experimentado algunos de estos tipos de odio, procedentes de una persona a la que no se le podía discutir nada de lo que afirmaba. Por suerte, no llegó al último estadio de la necesidad de aniquilación, pero sí que experimentó esa mezcla de aborrecimiento, pasión y desprecio. El odio típico de las personas muy vehementes, muy pasionales e incapaces controlar sus emociones. Lo conozco de primera mano, porque soy una persona  muy vehemente. Pero cada día lucho por controlarlo. Y no me supone ningún problema admitirlo, entre otras cosas, porque siempre me ha jugado malas pasadas y me ha hecho ser alguien totalmente distinto. El caso es que dicha persona, se creía en posesión de la Verdad, y además asumía que todos deberían hacerla caso, que para eso ella es la crítica de Cine y la que sabe del tema, los demás, somos todos pobres amebas a su lado.

Este hecho es el que me ha impulsado a escribir esto, porque necesitaba encontrar una respuesta a tanto odio. No sé si la he encontrado, pero hay algo de lo que cada vez estoy más convencido. El odio se acrecienta a medida que tenemos más necesidad de vomitarlo. Este es quizás el problema de lo que está ocurriendo con la Crítica en general. Ya no son informadores, ni orientadores. Ahora desinforman y, con la complicidad de los mass media, se ha inventado una gallina de los huevos de oro: la Polémica. Y esta es un poderoso aliado de los intereses que no quieren un pueblo inteligente y libre. Aplicando esto al cine, lo encontramos en muchos de los foros y debates que hay en dichos vomitorios. Solo se discute por banalidades: que si el traje nuevo de tal héroe es más feo que el de antaño, que cual de los dos actores ha interpretado mejor al mismo personaje, y así un largo etc. De cosas que no llevan a ningún lado. En vez de preguntarnos: ¿Qué me han querido contar? ¿Estoy de acuerdo con los planteamientos establecidos en el argumento? ¿Qué mensaje se esconde aquí?

¿Tan difícil es disfrutar de las cosas? Sí, porque eso conlleva que el sujeto reflexione y piense acerca de sus errores y haga propósito de enmienda. Porque lo fácil, lo seductor que diría el Maestro Yoda, es sucumbir a la oscuridad, al desprecio y al desconocimiento. ¿Queremos cambiar las cosas? Empecemos por no rendirnos y exigirnos más a nosotros mismos. Y para terminar, Albert Einstein escribió: “La mente es como un paracaídas. Solo funciona si la abres”.

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