LA BRUJA: UNA LEYENDA DE NUEVA INGLATERRA

El director Robert Eggers nos trae su ópera prima con un relato de terror (con matices) ambientado en la Nueva Inglaterra del Siglo XVII, en pleno apogeo de la brujería y las supersticiones con lo demoníaco en ese nuevo país en formación que era EEUU en aquellos momentos. Una película para la que el director, se ha documentado de forma exhaustiva,  buscando la mejor manera de reflejar la sociedad y la atmósfera de aquellos tiempos y lugares. Al parecer, ha tardado cuatro años en terminar el guión, porque los diálogos de los personajes, están construidos en  inglés medieval, el que se hablaba en esos años. Por mi parte, no tengo nada negativo que decir al respecto, porque se agradece que un director trabaje su proyecto para lograr el mejor resultado posible. Ahora bien, cuando uno se preocupa más de grabar su película en un idioma concreto, en vez de cuidar la construcción de la historia y los personajes, entonces el sujeto cae presa de la pseudointelectualidad absoluta, y como consecuencia, el espectador en el asombro que precede a la siguiente pregunta: ¿Por qué me he gastado el dinero en esto? ¿Qué podría haber hecho en la última hora y media que ya nunca recuperaré?

La trama de la película está más que repetida y es ya de sobra conocida: una familia que es expulsada de la aldea en la que viven y se ven obligados a establecerse en el claro de un bosque. Y pronto comienzan a sufrir una serie de fenómenos de carácter sobrenatural, producidos por una bruja con malas pulgas que vive en el interior del bosque. Como decía al comienzo, la cinta tiene elementos muy positivos en lo que se refiere a la puesta en escena, la dirección artística y el reflejo que hace sobre las gentes que habitaban EEUU en aquél Siglo. Personas que eran Colonos venidos de Europa en busca de un lugar mejor para vivir. La cinta perfila muy bien en la familia el fanatismo religioso de los protestantes y también el analfabetismo (la protagonista, Thomasin, no sabe escribir), lo cual origina un cóctel letal de ignorancia y superstición. Conocemos de sobra el proceso de las “Brujas” de Salem, derivado precisamente de estas características. Hasta aquí, todo bien. La forma perfecta, pero el contenido se me antoja inverosímil, incoherente, con una sensación importante de pérdida de tiempo. No sé qué demonios ha querido contar el director. Jordi Costa, crítico de Cine de “El País” lo expresa mejor:

¿La bruja es un ejercicio de estilo, un cuento de terror contado como lo hubiese contado un viejo colono? ¿No hay ninguna otra mediación? ¿Nos están narrando la construcción de una bruja o nos están legitimando la superstición que define a los personajes? No parece ambigüedad, sino poco empeño de formularse esas preguntas”.

Y tampoco puedo decir que es un cuento de terror. Más bien, un thriller con toques de horror. Porque desde luego no hay ningún susto, a lo máximo, tensión creciente que no es aprovechada por la historia de la película. Porque no es creíble, ni verosímil, que los personajes sean conscientes de la existencia de una bruja, y que no reúnan a unos cuantos armados con antorchas y lo que tengan a mano para dar caza a la malvada que atemoriza a los pobres niños. Está muy bien que haya buenos medios, pero lo más importante es que uno sea consciente de qué es lo que quiere contar.

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