LA LEYENDA DE TARZÁN: ESTUPENDA AVENTURA

Solo he visto, a lo largo de mi vida, una película de Tarzán. Aquella que hizo Disney en dibujos animados, muchos años atrás, con la impresionante banda sonora de Phil Collins. Una película tierna, con muchas aventuras, y que reflejaba muy bien el personaje creado por Edgar Rice Borroughs. Obviamente, infantilizado según dicen. Nunca he leído ninguna de las novelas originales del escritor británico. Sí que leí, en su momento, la primera de su saga de John Carter; también porque Disney produjo una película de este personaje, infravalorada bajo mi punto de vista. La cuestión es que mi criterio respecto al Hombre Mono, no puede ser el mismo que el de alguien que sí que haya leído los libros y haya visto las cintas anteriores, no solo la conocidísima Greystoke de Christopher Lambert, sino las más antiguas de Johnny Weismuller y las anteriores a este. Algunos pueden pensar que el mito de Tarzán ya estaba desaparecido, pero ahora, ha regresado y creo que sigue muy vigente. Hay rumores que apuntan a que Warner no ha confiado mucho en este proyecto. Puede ser. Por mi parte, la he disfrutado enormemente.

Esta nueva película no es una precuela, ni un reboot, ni un remake, ni nada parecido. Es una aventura más, pero al mismo tiempo, nos sirve de recordatorio acerca de los orígenes del personaje. Aunque, creo que la motivación del film es otra cosa diferente. Más adelante, ahondaremos en esta cuestión. La película nos presenta un contexto histórico concreto: la época en la que el rey belga, Leopoldo II, estaba en quiebra tras sus fechorías diversas en el Congo. Los líderes de las potencias coloniales se preguntan cómo este monarca puede seguir ampliando vías de ferrocarril si no tiene ningún dinero, por lo que, Estados Unidos, envía a un diplomático llamado George Washington Williams (Samuel L. Jackson) para que vaya al Congo a investigar lo que ocurre y que aporta las dosis de humor a la aventura. Para ello, necesitará un guía. Alguien que conozca ese lugar maravilloso, sus paisajes, sus montañas, sus animales. Y quien mejor que John Clayton, conde de Greystoke, también conocido como Tarzán ( un genial Alexander Skargaard), acompañado por su esposa Jane (Margot Robbie). Nuestros protagonistas llegan al Congo y se encuentran con un panorama desolador, marcado por la esclavitud de los nativos, el tráfico de marfil y los diamantes de sangre de una región llamada Opar. El rey belga no piensa quedarse sin su dinero manchado de sangre, por lo que envía a su fiel lugarteniente, Leo Rom (Christopher Waltz) para conseguir los diamantes con los que llenar las arcas del país. ¿Cuál es la manera de conseguirlo? Ofrecer a Tarzán como moneda de cambio al furioso jefe de una tribu de Opar.

Si alguien estuviese especialmente interesado en conocer mejor lo que hicieron los belgas en el Congo, es muy recomendable leer “el Sueño del Celta” de Mario Vargas Llosa, muy recomendable. Respecto del film, otro de los aspectos positivos que tiene, es que no pretende inaugurar una nueva franquicia. Desconozco si esto ha molestado a los estudios, y por eso van diciendo por ahí que no está funcionando, económicamente hablando. Creo que ya, hoy día, no debemos medir los éxitos o los fracasos según la perspectiva de EEUU y Europa, porque hay un enorme continente, el asiático, con millones de personas que suponen la tabla de salvación de las películas. Y parece que tampoco es un éxito sino da pie a una saga eterna de películas. A mí, me parece estupendo. No es necesario alargar las historias de forma indefinida. Estoy además gratamente sorprendido por el director David Yates, al que consideraba un desastre por su ejecución en las cuatro últimas películas de Harry Potter, de las cuales, como mucho se pueden salvar dos y con matices. Pero aquí, es como si hubiese gozado de libertad a la hora de llevar a cabo la cinta. Ya sabemos lo que ocurre, los productores, con sus encuestas, estudios de mercado, perfiles demográficos y demás parafernalia de marketing, lo único que hacen es estorbar y desvirtuar en numerosas ocasiones las películas.

Quizás, lo más negativo que puede tener el film, sea Christopher Waltz. Creo que ya está agotado como intérprete de personajes malvados. Desgraciadamente, se ha encasillado, y de nuevo hay que darle las gracias a los estudios por su genial criterio. ¿Es que no hay otros actores capaces de interpretar personajes malévolos?

Y no puedo dejarme la esencia de la película, esa motivación a la que hacía mención más arriba. El título hace referencia a una canción popular del Congo, que se transmite de generación en generación, acerca del espíritu de Tarzán, ese hombre que está en comunión con los animales, que los comprende, y ellos a él. De forma que el mensaje, de haberlo, está claro: el respeto y el cariño hacia la naturaleza, que no caigamos en la soberbia de creer que podemos manejarla a nuestro antojo. Es una película de aventuras estupenda, que puede disfrutar toda la familia sin problemas; aunque, si los pequeños de la casa son muy pequeños, mejor llevarles a ver otra.

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