PETER Y EL DRAGÓN: TIERNA AVENTURA

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Estamos en tiempos de remakes, reboots y actualizaciones de clásicos. Apuntaba un periodista que esta tendencia de los estudios de Hollywood responde a un razonamiento un tanto particular: los ejecutivos de las majors, creen que las nuevas generaciones ven mejor una nueva versión de los clásicos, que los originales. Aquí ya cada uno que piense lo que estime oportuno. Bajo mi punto de vista, es una excusa barata. No quiero tampoco entrar en un debate educativo ahora mismo, pero es que esto es claramente una cuestión de esa índole. Pienso que si unos padres educan a su hijo poniéndole en casa, desde pequeño, ciertas películas clásicas tipo “La Taberna del Irlandés” o “Casablanca”, ese niño seguramente en el futuro pueda ir apreciando los clásicos. Por supuesto, con las películas sucede lo mismo que con los libros, cómics, música etc: cada cosa tiene su momento. Dice Javier Marías que “los libros son pacientes, esperan”, desde luego que sí, pero la educación no espera. Por tanto, el hecho de que haya tantos remakes, solo responde a una lógica monetaria. ¿El público acude en masa a ver estas nuevas versiones? Pues seguirán haciéndolas. ¡Ojo! No estoy diciendo que todas estas nuevas versiones sean malas, ni mucho menos. Las recientes “Cazafantasmas” y “Ben-Hur”(de esta última escribí ayer un artículo en este mismo blog), son muestra de lo contrario, y algunas bocas que no hacen más que vomitar odio y resentimiento sin haberlas visto, ya se están cerrando porque la calidad de las mismas es buena. Y de la que vamos a hablar a continuación, también puedo decir lo mismo. Es una nueva versión de “Pedro y el Dragón” una cinta Disney de hace ya bastante tiempo, la cual no he visto. Pero esta nueva ha cumplido con su función: hacer que me sienta como un niño viéndola, y eso es suficiente.

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El protagonista de la cinta es Peter, un niño que viaja con sus padres en coche. Atraviesan un bosque y sufren un accidente. Peter pierde a familia. Pero encuentra en su lugar a un tierno dragón al que llamará Elliot, que le cuidará como si fuera su hijo. Amigos y hermanos durante casi seis años de soledad en los bosques de Newhaven, donde el Sr.Mitchum (Robert Redford) siempre habla a las nuevas generaciones sobre las leyendas de los bosques, donde habitan Dragones, donde hay Magia aunque no la veamos; o es que hubo un tiempo, cuando éramos niños, que sí que teníamos esa capacidad para percibir dicha magia, y a medida que nos hacemos mayores la vamos perdiendo. Esto es lo que le sucede a Grace (Bryce Dallas Howard), la ayudante del Sheriff, cuya mirada únicamente está centrada en lo racional, en lo que sus ojos ven. Cuando encuentra a Peter, enseguida un mundo que creía inexistente se abre ante ella y los habitantes del pueblo. Un mundo en el que Gavin (Karl Urban) no tarda en interferir, llevado por la codicia.

Como suele ocurrir con las películas Disney, enseguida les ponemos la etiqueta de “cintas infantiles”, es decir, se las considera inferiores. Efectivamente, hay películas dirigidas a los niños que no tienen ninguna pretensión especial salvo provocarte alguna carcajada y que te diviertas. Pero Disney, cuando mejor lo hace, es precisamente cuando arriesga, cuando quiere ir más allá de esa simple diversión. Para mí, “Peter y el Dragón” es el remake más honesto que ha echo la compañía del ratón Mickey hasta ahora. Mucho mejor que la sobrevaloradísima “El Libro de la Selva” (cuyo guión es un carajal argumental importante, incapaz de encontrar el tono adecuado para la obra), y mucho mejor que Cenicienta o Maléfica. Estas fracasaron para mí porque iban a lo fácil. Y Disney lo puede hacer mucho mejor, lo ha demostrado, y lo sigue demostrando (Zootrópolis, sensacional e infravalorada; Tomorrowland, estupenda y también infravalorada). “Peter y el Dragón” es sencilla, no es compleja, no tiene nada metafísico. Pero está transmitiendo algo que creo que es importante. Algo que en mayor o menor medida nos afecta a todos: la pérdida del niño que todos llevamos dentro. Eso nos impide disfrutar de las cosas, nos impide ver la magia que hay en el mundo. Seguramente, la vía destructora que adoptan muchos ahora, despreciando absolutamente las que llaman películas blockbuster, los libros best-seller y cosas de este estilo, son personas que han perdido a su Principito interior. Peter y el Dragón nos invitan a Ver, no a Mirar. Abramos la mente, que hay mucho de lo que aprender. Un mensaje importante para las nuevas generaciones que están zombificadas con los aparatos tecnológicos.

Ternura y belleza. Eso es lo que podemos esperar de esta cinta. Con unos actores correctos en sus interpretaciones, y creo que más de un niño que vaya a verla, deseará tener un Dragón. Preciosa y llena de esperanza. No se puede pedir más.

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