EL CINE: ¿ARTE? ¿ENTRETENIMIENTO? ¿O AMBAS COSAS?

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El fin de semana pasado me acerqué por la estupenda librería Ocho y Medio en la calle Martín de los Heros y me sumergí en sus estanterías repletas de libros, a la búsqueda de un buen texto sobre el séptimo arte que hablase sobre la crítica cinematográfica o el guión. Encontré dos o tres interesantes, y cogí uno que se titula “Instrucciones para ver una película” escritor por David Thomson, historiador del Cine y Crítico con una buena carrera en medios como el New York Times o el Guardian; además da clases en el Darmouth College de New Hampshire. Con este currículum, cualquiera piensa que el escritor debe ser un crack. Y al comienzo del mismo yo coincidía con él en sus valoraciones. De hecho, coincido en los tres mensajes que nos quiere lanzar, pero según avanza la lectura, compruebo que todo el comienzo es una fachada. Los mensajes son los siguientes:

  • (El Libro) “Es una breve historia de las películas en las que el mensaje no es solo ¿A que son divertidas?, sino ¿Estás mirando con suficiente detenimiento?”
  • “El arte puede ser atractivo e instructivo (otra manera de decir entretenimiento). Y también puede ser divertido”
  • “Un film es una aventura en la que se supone que debes ver más allá de las cosas que se te presentan en la pantalla”.

En este libro, Thomson nos hace un recorrido por clásicos del cine, desde los años dorados hasta algunos más modernos. Desde Ciudadano Kane, Casablanca, pasando por Psicosis o las muy recientes Perdida o Amor, el autor desgrana qué cosas son las que se supone debemos observar en los films. Pero todos sus buenos propósitos se acaban viniendo abajo hacia el final del libro cuando el lector descubre estupefacto el sesgo del autor del libro, defendiendo el cine random o independiente, y riéndose de un producto de éxito reciente como es la trilogía de “Los Mercenarios” de Silvester Stallone.  El autor escribe:

“Hace cinco años, me habría reído al tratar de esbozar un esquema con sentido sobre esas películas ridículas y penosas.  Uno podría haber sostenido que el público es demasiado listo, demasiado cínico o sencillamente demasiado joven como para interesarse por jubilados a cargo de la seguridad social armados con AK-47”.

Es decir, que el público que va a ver estas películas y disfruta con ellas, es básicamente imbécil, según este humilde crítico. Curiosamente, en anteriores capítulos sostiene eso de que el arte puede ser divertido.  ¿En qué quedamos? ¿O es que solamente él puede establecer esa diversión según sus baremos?

Como decía al comienzo del artículo, efectivamente, el libro es bueno. Me ha servido precisamente para saber qué es lo que no tengo que hacer para ser crítico de cine.  Efectivamente, tanto los críticos como los espectadores, debemos aprender a mirar más allá. A no dejarnos embaucar por los cantos de sirena de las nuevas tecnologías. Como el propio Thomson dice:

“Para ver bien una película, uno debe mirarse así mismo mirando”

Coincido en esto totalmente. Hay que reflexionar sobre lo que estamos viendo y cómo lo estamos viendo, porque en ocasiones se nos pueden escapar detalles esenciales de las tramas. Hay que profundizar en las tramas, en lo que nos están contando, si los personajes están más o menos bien construidos, si la historia tiene verosimilitud o no, y un largo etc. de cuestiones. Esto, todo hay que decirlo, cada vez será más complicado debido a las nuevas tecnologías que están provocando que los seres humanos desarrollen trastornos de déficit de atención a niveles preocupantes y como nunca antes se habían visto. Dichas tecnologías, y esto ya es una opinión personal, están cambiando nuestro modo de ver el Cine, a mejor en unos casos (avances en efectos especiales por ejemplo) pero a peor en otros, y es el lado negativo el que constantemente nos empeñamos en no querer ver. Desde luego, con las televisiones que existen a día de hoy, se me hace imposible  pensar en algún momento ver una película en la pantalla de un teléfono móvil.  Eso no es ver Cine. Ir al Cine es mezclarte con otras personas, sentarte en una butaca y dejarte embriagar por las imágenes gigantescas, los sonidos volando a tu alrededor, y observar a los que tienes a tu alrededor mirando la pantalla. Vamos que no imagino contemplar la inmensidad de la Tierra Media en un aparato minúsculo.

Por otro lado,  ¿Hay que saber lo que es una toma, un plano, un encuadre, un plano secuencia etc.? Nunca está de más tener esos conocimientos, pero a la hora de la verdad lo que prima en una película es el guión y el director. Porque ¿Quién hace las películas? Los estudios seguramente dirán que ellos, que las ideas son propiedad intelectual de los productores porque estos ponen el dinero para llevarlas a cabo, ignorando el hecho de que hay una cabeza pensante o varias que son los auténticos creadores de la idea: los guionistas. Pero ¿qué pasa con los actores, los de maquillaje, los de fotografía, los técnicos de imagen y sonido? ¿Qué ocurre con los compositores de la banda sonora, con los montadores, los iluminadores? Hay una lista enorme en los créditos de las películas, y siempre nos acabamos quedando con tres o cuatro nombres de cientos de personas que participan en ella y contribuyen a su resultado.

Por encima de todo pienso que nos debemos quedar con el mensaje segundo: “El arte puede ser  atractivo e instructivo.  Y también puede ser divertido”. El autor del libro añade en el final del primer capítulo:

“En mucho de lo que vemos hoy en día, lo sagrado ha sido impregnado por el mercantilismo, la propaganda, y así la historia también se ha convertido en ficción”.  

No voy a ser cínico y negar la existencia de ese mercantilismo. Seamos sensatos. Por ejemplo, Disney se ha gastado más de cuatro mil millones de dólares en la compra de las empresas de Lucasfilm. Hay que amortizar esa compra evidentemente. ¿Esto quiere decir que todo lo que vaya a hacer Disney a partir de ahora sea malo? Lo que me parece es que hay demasiados críticos como Thomson que no son conscientes de que el Cine es una industria, y como tal debe ganar dinero. ¿Acaso ganar dinero impide hacer obras artísticas de calidad? En absoluto, no debería estar reñido. Pero es gente como Thomson la que provoca esos enfrentamientos, porque les gustaría dictar las normas de lo que tienen que ver los espectadores. Coincido en que debemos ver más allá de lo que se nos presenta en la pantalla pero entonces ¿Dónde queda la magia? ¿Hay que dejarse llevar simplemente? ¿Disfrutar? ¿Debemos dejar de lado nuestro hemisferio racional? Creo que hay que encontrar la armonía entre ambos puntos, esa es la clave, y es donde reside la dificultad. Como dice un colega: “La cuestión es que uno encuentre una obra que le impacte, que le emocione, da igual el medio utilizado”. Yo a esto añado por mi parte que los espectadores tienen que encontrar la manera de adquirir un criterio propio que les permita ser lo más libres posibles.

Desgraciadamente, el panorama actual de la profesión del crítico está muy negro. Porque muchos han cambiado su sustancia y se han transformado en seres dependientes de su ego, que les cierra la mente impidiéndoles abstraerse de su propia realidad. Además de que muchos de los que se hacen llamar críticos acuden a ver las películas sencillamente porque las ven de forma gratuita. Esto significa algo muy sencillo: No les gusta el Cine. Lo hacen por ahorrarse el dinero de la entrada y presumir de que ven los films más taquilleros antes que la mayoría. Esta es una realidad que molestará admitir a más de uno, pero es así. No niego que me gusta que me inviten a ver las películas previamente al estreno. La diferencia es que si no recibo invitación tampoco me sucede nada malo porque soy de los primeros que paga gustoso la entrada. Al igual que cuando las películas que más me gustan salen en formato doméstico, las compro para volver a verlas y así poder disfrutarlas cuantas veces me apetezca.

Como diría Henry David Thoreau: “La desobediencia es el verdadero fundamento de la Libertad. Los obedientes deben ser esclavos”. Pongámoslo todo en cuestión. No seamos miembros obedientes de un rebaño. En definitiva, disfrutemos del Cine como queramos.

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