TRAINSPOTTING 2: ELIGE VIDA

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Renton, Simon, Spudd y Begbie regresan a la pantalla grande por todo lo alto, con una genial continuación del clásico de culto para algunas generaciones, dirigido por Danny Boyle y con el mismo equipo de actores que les dieron vida hace veinte años.

Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?

Así empezaba la primera película, con este discurso que enmarcaba una persecución por las calles de Edinburgo. Corrían Mark y Spudd, perseguidos por los policías, mientras Renton de manera brillante, nos desglosaba en qué consiste la vida engendrada por el consumismo y el capitalismo autoritario. Trainspotting reflejaba una generación, una sociedad concreta de una época concreta. El escritor Irvine Welsh, coetáneo de Brett Easton Ellis (American Pycho) y de Chuck Palahniuk (El Club de la Lucha), retrataba así a la a los desencantados con el sistema, a esa generación que más tarde Palahniuk retrataría en la persona de Tyler Durden. Todo ello, aderezado con diversos cócteles de drogas y viajes siderales dentro de váteres asquerosos, que muestran las consecuencias de ese tipo de vida elegida por Renton y sus amigos. Un grupo de chavales que se niegan a crecer, a madurar, y que en esta segunda parte, se agarran a la nostalgia y a los recuerdos con mucha fuerza.

Han pasado veinte años. Pero en el fondo, ninguno de estos chicos ha cambiado. Siguen siendo niños grandes, pero con más arrugas. Renton (Ewan McGregor) ha vivido en Amsterdam con el dinero robado a sus amigos tiempo atrás. Pero un problema de salud y el echo de que su vida en Holanda está a punto de acabarse, le impulsan a volver a su tierra, a Edinburgo. Allí, se reencontrará con un destrozado Spudd (Ewen Brenmer), que sigue preso de las peores adicciones y que ha descubierto su talento para escribir; y con el que era su mejor amigo de la infancia, Simon (Jonny Lee Miller). Viejos rencores saldrán a la luz, pero pronto la amistad se irá reconstruyendo, aunque esta, será puesta a prueba cuando Franco Begbie (Robert Carlyle) se escape de la cárcel con ganas de venganza. La cinta se inspira en la segunda parte literaria titulada “Porno”. El único parecido que hay entre el libro y la película es el hilo conductor del dinero que Renton les robó tiempo atrás. La película toma un rumbo distinto, bajo mi punto de vista, mucho mejor porque es más actual, y da como resultado una brillante continuación de la cinta precedente. Como punto positivo añadido, no hace falta ver necesariamente la primera para poder entender esta segunda parte, porque esta continuación es toda ella un gran ejercicio de nostalgia, en la que se nos relatan aspectos clave de la anterior etapa vital de los personajes. También, se muestra que en el fondo, no solo los personajes no han cambiado, sino que en estos veinte años, la sociedad en conjunto tampoco ha evolucionado mucho. Merece la pena añadir al discurso de arriba, lo siguiente que acuña Renton en este film:

Elige vida. Elige Facebook, Twitter, Instagram y espera que alguien, en algún lugar, le importe. Elige buscar viejos amores, deseando haber hecho todo de manera diferente. Y elige ver cómo la historia se repite. Elige tu futuro. Elige reality shows, avergonzar a las putas, difundir porno vengativo. Elige un contrato basura a dos horas de camino. Y elige lo mismo para tus hijos, sólo que peor, y sofoca el dolor con una dosis desconocida de una droga desconocida hecha en la cocina de alguien. Y luego… respira profundamente. Eres un adicto, así que sé adicto. Solo sé adicto a otra cosa. Elige a quién amas. Elige tu futuro. Elige vida”.

Puede que ya no haya tanta droga como antes tipo heroína o cocaína. Pero somos adictos a otras cosas. A las Redes Sociales, a los reality shows, al gimnasio, al culto al cuerpo, a las dietas milagrosas. Y seguimos siendo adictos a las hipotecas a interés fijo, a elegir ropa de marca para darnos a nosotros mismos una falsa sensación de felicidad; a los catálogos de muebles nórdicos; y seguramente a muchas cosas más que ahora mismo no se me ocurren. Salpicada con dosis de humor negro, Trainspotting 2 es un gran retrato de dos generaciones. Como le dice Begbie a su hijo: “Vas a ser mejor que nosotros”. Y tiene razón. Podemos ser mejores, pero no con contratos basura ni intereses variables ni siendo hedonistas. Gran película, sin duda, de lo mejor que veremos este año en cines.

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