LA BELLA Y LA BESTIA: UN GRAN Y DIGNO REMAKE

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Hay ocasiones en que los estudios de cine cometen errores al vender sus productos. Realizan campañas que no se ajustan al significado de la película, o bien se basan en aspectos concretos de las mismas, los explotan hasta la saciedad para crear viralidad o repercusión social, y entonces el producto se vende solo. Hay sonados ejemplos de campañas de marketing cinematográfico que podrían haber sido contraproducentes (recuerdo por ejemplo la “comedia” UP in the Air de George Clooney, que no era comedia de risa floja ni mucho menos, pero se daba la imagen de que te tronchabas, cuando en el fondo es un drama humano importante). Recientemente, en los Oscar, tenemos el ejemplo de su ganadora, “Moonlight”. Como dije en mi artículo, la cinta se vendió como la historia de un homosexual traumatizado por su condición, cuando en el fondo versa sobre algo dos cuestiones de mayor calado; las decisiones que tomamos en la vida y que condicionan lo que somos, además de ser un alegato contra el pésimo funcionamiento de la educación pública en Estados Unidos.

A las cuestionables decisiones de los estudios, hay que añadir el siguiente factor que es recurrente ya y cansa pero es necesario seguir hablando de él y dar la batalla por la dignidad de una profesión que se están cargando entre unos cuantos: la Crítica. Los que se dedican a ver las películas y a hablar de ellas en los medios para orientar a los espectadores sobre lo que pueden ver, en muchas ocasiones dicen auténticas salvajadas y fomentan esas campañas de marketing equivocadas, ocasionando un perjuicio en los espectadores desinformados que lo único que necesitan saber es si van a emplear bien el excesivo importe de la entrada. Y es que los críticos, o bien no se enteran de lo que ven, o bien es que no ven las películas en muchos casos (más de uno se marcha a la mitad sin terminar de verlas).

Empiezo así este artículo por una razón muy sencilla. La publicidad mal enfocada y la estulticia de los que van a ver estos films pueden suponer la ruina en taquilla de esos productos. Y en ocasiones, yo mismo he dicho alguna salvajada o he expresado mal ideas en los textos que escribo, tampoco soy perfecto. Principalmente, hay que abstraerse de uno mismo cuando se va a ver una película. Hay que ir más allá de prejuicios, aunque no sea la cinta que más se desea contemplar. Hay que procurar tender a la objetividad y no dejarse llevar por sentimientos personales que no conducen a nada y al espectador poco le interesan. Este es el caso del remake que ha echo Disney de “La Bella y la Bestia”. Una cinta que viene con buenas valoraciones de Estados Unidos, y que aquí ha levantado buenas y malas impresiones por igual. Por mi parte, pensaba una vez más antes de verla: ¿Por qué otro remake de Disney? ¿Acaso no han aprendido con las nefastas experiencias anteriores? (Con la excepción de “Peter y el Dragón”, y sí, en las nefastas incluyo el Libro de la Selva de Jon Favreu, que lo único que tiene es un apartado visual decente)

Pero mi sorpresa ha sido mayúscula con este remake dirigido por Bill Condon, alguien de currículum un tanto irregular (la entretenida Dreamgirls, y las nefastas dos últimas cintas de Crepúsculo). Muchos han criticado su modo de dirigir (que si planos inadmisibles, que si actores nefastos), y desde luego no es alguien perfecto ni mucho menos, pero no creo que el resultado final sea para vomitar bilis sobre ella, principalmente porque no es aburrida (a pesar de su pelín excesiva duración) y conserva los principales elementos que hicieron del film precedente lo que era. La historia sigue siendo la misma: un Príncipe egoísta y avaro que cae presa del hechizo de una bruja. Dicha maldición, le transforma a él en una bestia, y a algunos de sus criados, en objetos de mobiliario. El conjuro está determinado por la capacidad del Príncipe para amar y ser amado por otra persona. Pero…¿quien sería capaz de amar a una Bestia?

Como digo, el relato es el mismo. Una película que nos refleja que la belleza está en el interior de las personas. Pero sí que es verdad que se han añadido cosas para que este remake no resulte demasiado igual al original. Se ha profundizado más en casi todos los personajes. Aquí, se nos relata un poco del pasado de Bella (Emma Watson) con el que comprendemos por qué ella y su padre están solos; por qué el Príncipe (Dan Stevens) era tan mala persona antes de convertirse en Bestia, y también encontramos a un Gastón (Luke Evans) muy bien perfilado, con el que se nos plantea un dilema: ¿es un psicópata o un hombre trastornado por lo que ha vivido en guerras pasadas? Ya que el film está situado en Francia, en un período inconcreto pero sí que te dibujan un escenario convulso. La película además es 100% musical, con canciones añadidas a las que ya conocíamos como ¡Qué Festín! (grandioso número modernizado). La historia tiene un tratamiento más profundo de cuestiones como la vida, la muerte, el amor, la pérdida de los seres queridos, y algo que me ha gustado especialmente es el toque que le han dado al dúo principal, porque aquí vemos a una Bella y una Bestia amantes de la cultura que son marginados también por el resto, como si fueran unos “nerds” de la época. Acompañados por secundarios de lujo como Ewan McGregor (Lumiere), Ian Mckellen (Din-Don) o Emma Thomson (Miss Potts). Muy recomendable verla en VO para apreciar las voces de estos actores a nivel musical.

Respecto de la cuestión más delicada y polémica con el film, solo tengo que decir que no hay absolutamente nada. El personaje de LeFou (Josh Gad), se puede decir de él como mucho que es extravagante y un tanto amanerado, pero no hay nada que pueda herir sensibilidades de ningún tipo. En Rusia, Malasia y algunos sitios se plantean censurar algunos momentos de la película. Sinceramente, de estas cosas solo hay dos culpables ahora mismo( aunque la censura no tiene disculpa alguna tampoco): Disney, por vender de mala manera su película, y por otro lado algunos críticos que se dividen en dos subtipos: los que buscan conspiraciones, y los que buscan “mayor visibilidad” de ciertos colectivos. Sinceramente, Disney se hace un flaco favor entrando en cuestiones ideológicas o políticas, y deberían dedicarse a fabricar sueños e ilusiones que es lo que han echo siempre, nada más. Y los críticos deberían dedicarse a informar. Si quieren hacer activismo de algún tipo, hay ya plataformas para eso. ¿Qué se puede esperar de este remake de la Bella y la Bestia? Pues diversión, drama y romanticismo a partes iguales. Es una cinta dirigida no tanto a captar nuevos adeptos sino a todos los que hemos crecido con la original, para presentarnosla de otra forma (debido al planteamiento de algunas cuestiones y a la estética un tanto oscurantista, no es recomendable para niños muy pequeños). Por lo demás, desprende belleza y ternura. De momento, es junto con “Peter y el Dragón”, el mejor remake que ha echo Disney de uno de sus clásicos. Tengo ya muchas ganas de volver a verla, algo que no consiguen todas las películas.

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