ÓRBITA 9: EL ESFUERZO SE QUEDA EN NADA

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Últimamente me encuentro muy satisfecho con el cine español. El año ha comenzado bien en general. Ha habido estrenos interesantes y de buena calidad como Zona Hostil o “El Bar”, y cosas más flojas como “El Guardián Invisible”. Pero independientemente de que tampoco fuesen cintas perfectas, todas tienen algo muy positivo, y es el gran esfuerzo que se está haciendo no solo con los medios técnicos sino también con el guión. Pero lo que más me gusta de todo es que el cine patrio, por fin, está abandonando las seudointelectualidades y los relatos cansinos de la Guerra Civil para ahondar en otros géneros. Llevamos ya unos años desarrollando buena comedia y buen thriller. Pongo dos ejemplos que he visto recientemente en Movistar. Por un lado, la comedia negrísima “La noche que mi madre mató a mi padre” (película desconocida para la gran mayoría del público y mejor comedia que los apellidos vascos y alguna que otra más popular) con una magnífica Belen Rueda (quizás sea el mejor papel de toda su carrera) y la nominada al Goya “Que Dios nos perdone”, sensacional en todos los sentidos. Este año, hemos entrado en dos géneros nuevos: el bélico y la ciencia ficción (este no tanto, Antonio Banderas ya hizo una aproximación en la fracasada “Autómata”).

La apuesta del primer trimestre del año en cuanto al género mencionado es “Órbita 9”, cinta distribuida por Filmax en salas y que será editada en formato doméstico por Divisa Home Video, protagonizada por Alex González, Clara Lago y Belén Rueda. Como decía al comienzo, estoy contento por esa apertura a lo desconocido, y porque este film puede ser el comienzo de una larga serie de películas alrededor de un género cultivado por visionarios como Isaac Asimov o Phillip K Dick, y que en la actualidad anda flojo en su vertiente literaria (hay excepciones en el mundo del cómic con gente como Rick Remender o Jonathan Hickman por mencionar unos pocos). Dirigida y escrita por Hatem Khraiche, nos cuenta la historia de Elena (Clara Lago) una joven que lleva preparándose para una misión de supervivencia desde que nació. Lo que ella desconoce forma parte de un ensayo científico importante para la salvación de la humanidad. Pero el destino de Elena cambiará cuando Álex (Álex González) se cruce en su vida y le haga descubrir una nueva realidad, totalmente inimaginable para ella. La cinta es un cóctel entre Interstellar, Alien, Blade Runner e influencias de Asimov y Arthur C. Clarke. Una mezcla explosiva de no estar bien orquestada, que es justamente lo que sucede aquí. El personaje más creíble es el de Elena, también logrado por que la propia Clara Lago es una buena intérprete; Álex González sigue siendo igual de impasible que en “El Príncipe”, y lo extraño es que en esta película no le hayamos visto quitarse la camiseta por contrato. El mayor handicap que puede tener el film es que resulta previsible, sabes perfectamente lo que va a pasar en todo momento y además hay escenas que carecen de credibilidad o verosimilitud.

El camino para abrir la ciencia ficción en España no es este. Creo que es un género que funciona con ideas atrevidas y sobre todo bien trabajadas. Es quizás de los más susceptibles en cuanto a guión, pues requiere un contexto muy bien trabajado y unos personajes medianamente coherentes. Aquí el contexto es prácticamente inexistente, salvo que te mencionan algunas veces el daño climático y poco más. Aparte de que la ciencia ficción no tiene por qué incluir necesariamente naves espaciales o aliens. Es un género marco, en el que se pueden incluir otros, ya sea el drama social o el thriller. Posiblemente necesitemos empezar por un tipo de relato más sencillo y centrado en lo fundamental: hablar sobre la condición humana. Pero no esto tampoco debe desanimar, sino todo lo contrario. Órbita 9 es un primer paso, quizás demasiado grande. El siguiente que demos, hay que ser más precavido.

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DAVID LYNCH. THE ART LIFE: ATRAPA EL PEZ DORADO

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“Las ideas son como peces. Si quieres pescar pececitos, puedes permanecer en aguas poco profundas. Pero si quieres pescar un gran pez dorado, tienes que adentrarte en aguas más profundas. En las profundidades, los peces son más poderosos y puros. Son enormes y abstractos. Y muy bellos.”

Los directores Jon Nguyen, Rick Barnes y Olivia Neerdgaard-Holm, nos embarcan en una visita guiada al universo íntimo del genio creador de Twin Peaks. Hacemos un recorrido desde su educación en una idílica y pequeña ciudad hasta las calles de Filadelfia. Este documental, analiza el arte, la música y las primeras creaciones del director. Sus cortometrajes con los que consiguió la beca del American Film Institute, y cómo una vez que comenzó a estudiar cine, comenzó su primer gran proyecto, Cabeza Borradora.

El espectador profundizará en los temores, malentendidos y todo tipo de barreras que Lynch ha superado a lo largo de su camino de aprendizaje. Además de que este documental no deja de ser un testimonio de padre a hija, pues está dedicado a su niña Lula Lynch, nacida en 2012, año en que los directores comenzaron a grabar con él, tanto en su casa como en su estudio privado donde se sienta a pensar en las ideas, a ahondar en su conciencia a la caza de un nuevo pez dorado. Un buen complemento a este documental, es el libro del propio Lynch que se titula “Atrapa el pez dorado. Meditación, conciencia y creatividad”, editado en España por Reservoir Books. En este libro, el director de clásicos como “Mullholland Drive” o “Terciopelo Azul”, nos muestra que recurre desde hace mucho tiempo a la meditación para poder ampliar el campo unificado de su mente y poder obtener mejores ideas.

En un mundo donde cada vez escasean más los autores, esos creadores que tienen un sello propio y una manera particular de ver la realidad, aun encontramos a personas que se curran sus creaciones para dar lo mejor de sí mismos, aunque sus percepciones y su manera de entender lo que les rodea, sean muy particulares. ¡Qué ganas ya de que regrese Twin Peaks!

LOCAS DE ALEGRÍA: MARAVILLOSA Y TRÁGICA

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Ganadora de la Espiga de Oro a la Mejor Película, el premio a la Mejor Actriz y el Premio del Público en la anterior Seminci de Valladolid, llega ahora a nuestras pantallas la nueva película del director italiano Paolo Virzi, quien hace unos años nos trajo un grandísimo thriller con toques de drama social verdaderamente bueno llamado “El Capital Humano”. Ahora, vuelve a la pantalla grande con una tragicomedia estupenda, que no es ni mucho menos una cinta para troncharse de risa como dan a entender sus tráilers y posters publicitarios.

Cuenta la historia de Beatrice (Valeria Bruni-Tedeschi), una condesa charlatana que está convencida de encontrarse rodeada de políticos y personalidades influyentes. Pero en realidad está en Villabiondi, un antiguo monasterio reconvertido en institución psiquiátrica. Un día, llega Donatella (Micaela Ramazotti), una nueva paciente que es bastante vulnerable e introvertida. Todo lo contrario de lo que es Beatrice. Dos caracteres totalmente distintos que forjarán una particular amistad, la cual, las conducirá a vivir una aventura en la que descubrirán que, posiblemente, ellas no estén tan locas como el resto de los mortales que se encuentran fuera de Villabiondi.

“Locas de Alegría” es una película deliciosa, agradable, dentro de la enorme tragedia que te está contando. Pero el sentido del humor que aporta el personaje de Beatrice le da precisamente ese tono desenfadado que requiere el film para no buscar la lágrima de los espectadores. Desde luego merece la pena destacar la interpretación de ambas actrices, pero especialmente la de Valeria Bruni que nos hace reír, nos hace experimentar la euforia, la ira y la tristeza que desprende su personaje, al mismo tiempo que empatizamos con la situación de Donatella. Lo importante aquí no son las enfermedades que tengan. Da igual si son bipolares, borderline o si sufren delirios. Sus vidas están definidas por diversas tribulaciones, por abusos. La historia se narra desde el punto de vista de ambos personajes. Una película realmente genial, muy trágica y muy divertida a la vez, la vida misma.

ZONA HOSTIL: BUENA INCURSIÓN

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Un convoy americano escoltado por la Legión española le explota una mina al norte de Afganistán. El joven e inexperto Teniente Conte (Raúl Mérida) queda al cargo de proteger a los heridos hasta que puedan ser evacuados. La capitán Varela (Ariadna Gil), jefa médica acude al rescate con un helicóptero medicalizado, pero debido a que el terreno es débil, el helicóptero vuelca, dejando a los rescatadores junto con los heridos, desprotegidos. Es entonces cuando el Comandante Ledesma (Antonio Garrido), propone un plan para rescatarlos. Un plan que no solo consiste en llevarse a los heridos y al resto de soldados.

Con este largometraje debuta en el cine el director Adolfo Martínez, quien ya promete ser un buen creador del séptimo arte. La apuesta era muy arriesgada: Cine Bélico al estilo patrio. Contando con los pocos medios que habitualmente tenemos, se ha logrado un producto de entretenimiento muy correcto, sin ser nada del otro mundo; pero al mismo tiempo, digno de elogio por el sentido homenaje que se rinde a nuestro Ejército. Una película que es muy atrevida también en ese sentido, ya que se aleja de los postulados políticamente correctos. La cinta tiene su inspiración en un hecho real ocurrido en Afganistán en el 2012.

El trabajo de los actores es bueno. Destaca especialmente Antonio Garrido, un grandísimo actor al que sin embargo hemos visto poco en cine, más televisión en series como “El Caso”, “El Hombre de tu vida” y también en la versión española de “Life on Mars”, la serie de culto británica que aquí se llamó “La Chica de Ayer”. Ariadna Gil resulta convincente en su personaje de Capitán Varela, y Roberto Álamo también hace un buen personaje. Hay acción en la película, pero se centra más en describirnos cómo funciona nuestro ejército, cómo son los hombres y mujeres que lo componen, sus bromas, sus anécdotas etc. Como digo, muy entretenida y seguramente la veremos en los Goya próximos.

GHOST IN THE SHELL: ENTRETENIDA Y VISUALMENTE ESPECTACULAR

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Ayer por la noche, gracias a De Fan a Fan y Sensacine pude asistir ayer al pre estreno de “Ghost in the Shell: el Alma de la Máquina”, la adaptación del manga clásico de Shirow Masamune, protagonizada por Scarlett Johanson. Una hora cuarenta y poco de entretenimiento, de peleas, tiros y acción, que convierten esta película en el producto inaugural de una nueva franquicia. Hollywood comienza a mirar, por fín, a oriente a la búsqueda de historias. Y es que el Manga tiene relatos que se prestan bien a ser adaptados (ojo, tampoco todos, porque siempre hay algunos más complejos). En el caso que nos ocupa, la adaptación es sencilla porque no requiere ceñirse a un único argumento.

Ghost in the Shell nos plantea una sociedad hipertecnologizada, donde se ha logrado la fusión definitiva entre el hombre y la máquina. Major (Scarlett Johanson) es el primer sujeto de éxito, en el que se ha implantado un cerebro humano en un cuerpo robótico. Es alguien único, el futuro de la compañía Hanka Robotics, donde trabaja la Doctora Ouelet (Juliette Binoche) quien sabe un importante secreto acerca de la Major y de cómo han logrado crearla. Un secreto que el misterioso enemigo Kuze (Michael Pitt) se encargará de ir desvelando a medida que avanza la película. No desvelaré nada más del argumento. Desde luego, respecto al guión, no debemos esperar ninguna maravilla ni pretensiones de pasar a la historia. Eso sí, quizás a los que no hayan leído el manga, determinadas cuestiones les resultará complicado entenderlas. Además de que la cinta, bebe directamente de las viñetas aunque algunos aspectos están cambiados.

Estéticamente, conserva la ambientación cyberpunk del cómic, escrito hace más de veinte años, en la época en que esto estaba de moda, especialmente gracias a Blade Runner (la película va a recordar bastante al clásico de Ridley Scott). No sé hasta qué punto esto puede ser positivo o negativo. Igual que el hecho de que en cuestiones narrativas, recuerda mucho también al manga. El ritmo es un poco irregular. Hay momentos álgidos de acción, y momentos de bajones un poco bruscos. Todas estas sensaciones me hacen preguntarme: ¿Tendrá realmente un éxito apabullante? El hecho de que la actriz principal sea una super estrella puede salvar la taquilla, pero a nivel de crítica y opinión, ya veremos. Aunque cada vez hay más aficionados al manga en España, sigue siendo algo que es limitado respecto del público masivo. Pero quizás el mayor handicap que tenga la película, sea el breve paso por cuestiones de hondo calado filosófico y ético como el alma en el interior de una máquina o las consecuencias que trae el progreso desmedido nivel de deshumanización. Bajo mi punto de vista, son asuntos importantes especialmente por los tiempos que vivimos, y tratarlos de forma superficial no aporta nada.

A nivel interpretativo, la película no es que destaque especialmente. Scarlett Johanson logra hacer creíble su personaje. Me habría gustado poder verla en VO porque seguro que cambia bastante, aunque sí que se ve un buen manejo de la postura corporal y recuerda a la Motoko Kusanagi del original, pues es igual de fría y al mismo tiempo, notamos su lucha interna por hacer convivir al robot con el ser humano; Juliette Binoche prácticamente hace de ella misma. Como secundario de lujo tenemos al gran Takeshi Kitano (quien ya adaptó hace años el conocido manga de Samuráis Zatoichi) interpretando a Aramaki, el jefe de la Sección 9, que también hace un papel muy similar a los que realiza siempre como miembro de la yakuza en otras películas por lo que tampoco esperamos ninguna sorpresa al respecto, y el que cada vez es mejor actor es Michael Pitt, que logra aquí hacer un villano por lo menos digno aunque sin sobresaltos, pues básicamente su personaje es como un remedo del monstruo de Frankenstein.

Independientemente de todo esto, Ghost in the Shell resulta ser una película muy disfrutable y un buen espectáculo palomitero.

LA CURA DEL BIENESTAR: LA ENFERMEDAD QUE LLEVAMOS DENTRO

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“Todos llevamos dentro una enfermedad”. Este es el punto de partida de esta impresionante película de Gore Verbinski, director de “Piratas del Caribe”, “Rango” y “El Llanero Solitario”. Un joven y ambicioso ejecutivo de empresa es enviado a un balneario de los Alpes Suizos para buscar al CEO de la compañía y llevarlo de vuelta a Nueva York. En ese balneario se hacen tratamientos innovadores que curan el estrés y la ansiedad de la gente adinerada. Pero el joven Lockhart (Dane Dehaan) se dará cuenta de que en ese idílico lugar, no todo es lo que parece.

¿Cuál es esa enfermedad a la que se hace referencia en todo momento? Pues nos encontramos con un relato de terror que nos habla sobre la condición humana. Somos codiciosos, ambiciosos, ansiamos amasar poder y dinero sin importar a quien nos llevemos por delante. Nos elevamos en nuestras inmensas torres de marfil (rascacielos de wall street) y miramos al resto de los seres humanos como si fueran meros insectos. Esa es la enfermedad que nos corroe por dentro y que, “cuando adquirimos el don de la vista, ya no podemos seguir ignorando”. Una historia que tiene su inspiración en el Drácula de Bram Stoker, en el Resplandor de Stephen King, en la terrorífica “Shutter Island” de Dennis Lehane, y que no solo habla sobre esas pasiones tan pecaminosas mencionadas anteriormente; también es un retrato de la sociedad actual en cuanto a nuestra obsesión por la salud, el culto al cuerpo y la obsesión con alcanzar la inmortalidad a base de consumir juventud y pureza a través de la publicidad y los medios de comunicación.

Una película de género realmente sensacional y que desgraciadamente no está acompañada de una buena campaña de marketing, por lo que a nivel de taquilla posiblemente sus resultados no sean muy halagüeños. Al factor de la comunicación hay que añadir el hecho de que el terror reflejado en esta película es muy diferente a como lo concibe el cine en la actualidad, prácticamente copado con historias de poseídos y fantasmas en casas embrujadas. Verbinski acude a las fuentes, a los orígenes del género, a cuando se hablaba de la maldad inherente en el ser humano (algo que hace la nueva película de Alex de la Iglesia que comentamos aquí ayer), y crea una pesadilla auténtica que, por otro lado, se hace un poco eterna en determinados momentos. Si tuviese menor duración habría quedado mucho mejor respecto del ritmo. Ahora bien, esto no importa demasiado, como tampoco importa que el argumento sea un tanto previsible y el espectador vaya adivinando con facilidad los secretos que esconde el balneario. Por mi parte es una película muy buena, con buenas interpretaciones por parte del protagonista y del malvado Dr. Volmer interpretado por Jason Isaacs. Si a alguien le apetece un buen thriller, a pesar del ritmo, esta es su película.

EL BAR: LA VIDA ES UN ENCIERRO

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Podría decirse que este fin de semana ha sido monotemático, en el sentido de que he podido ver las dos últimas películas de Alex de la Iglesia. Su nueva obra, “El Bar”, que se ha estrenado en cines el pasado viernes, y ayer domingo, en Movistar vi la anterior, “Mi Gran Noche”, una comedia enloquecida en la línea de lo que le gusta hacer a su director. Y con ambas películas, lo he pasado muy bien, confirmando que Alex de la Iglesia es uno de los mejores directores que tenemos en el cine patrio actual, junto con Alberto Rodríguez, Rodrigo Sorogoyen o Juan Antonio Bayona (le moleste a quien le moleste). De la Iglesia nos trae ahora no una comedia sino una cinta de terror…¿o es un thriller?…¿O es Ciencia Ficción apocalíptica?…¿O quizás es todo esto junto y algo más?

Junto con su compañero habitual de guiones, Jorge Guerricaechevarría, nos encontramos en una historia que comienza en la barra de un bar cualquiera a media mañana. Personajes variopintos se encuentran tomando algo. Una pija llamada Elena (Blanca Suárez), un hipster que se dedica a la publicidad llamado Mario (Mario Casas), una mujer que se aburre de su vida de ama de casa que tiene por nombre Trini (Carmen Machi), y luego están la dueña del bar, Amparo (Terele Pávez) y el camarero Sátur (Secun de la Rosa). Además de unos oficinistas, un barrendero, y un mendigo llamado Israel (un genial Javier Ordoñez). En principio, todo transcurre con normalidad. Cada personaje tiene su historia personal, no hay nada que los relacione. Pero todo cambia cuando uno de los oficinistas, al salir del bar, recibe un disparo en la cabeza. En pocos minutos se crea el caos, que desemboca en un relato de terror, de tensión pura y dura que no descansa en ningún momento, sobre todo por las dos preguntas que se empiezan a hacer los personajes, que no se atreven a salir del recinto: ¿Y si el peligro está dentro? ¿Y si los disparos tratan de evitar que el peligro salga del interior del bar y afecte a los de fuera?

¿Qué es lo que nos cuenta “El Bar”? Pues es una película que versa sobre la vida desde una perspectiva diferente. En palabras del propio director: “La vida es un encierro inexplicable del que no encontramos salida. Una serie de circunstancias erróneas, o aún peor, casuales, nos llevan a vivir una vida que no parece la nuestra. Pero, si profundizamos, no se trata de nuestra vida, en realidad, es nuestro yo. Estamos atrapados en nuestra propia conciencia, encarcelados por nuestros deseos, odios, amores etc.” “El Bar” versa sobre la condición humana, sobre que en el fondo, todos somos malvados, y en las situaciones límite no pensamos más que en nosotros mismos. En este film, De la Iglesia sigue el modelo de relatos anteriores como “La Comunidad”, “Mi Gran Noche” o “Las Brujas de Zugarramurdi”, siendo esta nueva película muy superior en cuanto a tratamiento de personajes y fondo del guión. El relato está muy bien comenzado, pero también muy bien acabado (de hecho, la secuencia final, da auténticos escalofríos por su hondo significado).

Hay que destacar también la labor de dos actores específicamente, Blanca Suárez y Mario Casas, que han mejorado considerablemente respecto de cuando comenzaron sus carreras artísticas, siendo ambos intérpretes muy susceptibles respecto al director, como les pasa a una gran parte. Carmen Machi demuestra una vez más por qué es una gran actriz en cualquier papel que se proponga; Terele Pávez está en su línea habitual, casi que hace de ella misma. Pero quien es realmente especial es Javier Ordoñez, actor al que recuerdo de breves apariciones en “Aquí no hay quien viva” y al que hacía mucho tiempo que no veía. Su personaje de Israel, ese mendigo que parece enloquecido, pero solo lo parece, es realmente brillante. En definitiva, “El Bar” es una cinta que habla sobre constantes humanas como la codicia, la soberbia y la lucha que tenemos las personas diariamente contra nosotros mismos. Tiene toques de humor negro sensacionales, pero ante todo, me inclino por pensar que es una cinta de Terror con mayúsculas con inspiraciones diversas, muy bien dirigida, de ritmo ágil y casi diría yo, excelente. Espero que en los próximos Goya esté presente.